Entrevista
Miércoles 23 de mayo de 2007. Núm. 214 


Diego Luna está experimentando una nueva faceta de director. Su película, que tiene como figura central al héroe de su juventud, el boxeador Julio César Chávez, le sirve para mostrar una época importante en nuestro pasado reciente.

¿Cómo comenzó el viaje de esta película?
Todo comenzó cuando me invitaron a ver una pelea de box en vivo de José Luis Castillo. Yo quería escribir una película de ficción sobre su vida, pero me sentaron al lado de Chávez y me di cuenta de que se me había olvidado el ídolo que fue para mí en la infancia. En él, tuvimos al mejor boxeador libra por libra durante 11 años. De alguna manera, gracias a Chávez tuve la oportunidad de hacer una reflexión sobre lo que viví en la adolescencia.

¿Qué te interesaba mostrar?
Meinteresó contar la historia de un héroe olvidado. Las nuevas generaciones no saben quién es Julio César Chávez. Me di cuenta de lo importante que había sido en esa época en la que empecé a adquirir cierta conciencia política, a tener una postura ante lo que pasaba en este país y di el brinco de niño a adolescente.

¿Es una visión personal?
La película tiene una carga emotiva muy fuerte porque ese tipo se subía al ring con cien millones de mexicanos sobre sus hombros. Pero no es una película de boxeo, sino sobre un ser humano y el comportamiento humano en general.

¿Qué te atrapó de su personalidad?
Su carisma. Mi idea era hablar de su grandeza, pero lo más atractivo resultó ser la persona común y corriente que hay detrás del boxeador. Una parte importante de esta película es la relación con su hijo, con sus afectos y con algunos recuerdos de esa grandeza.

¿Qué aprendiste?
Aprendí que hay que valorar lo que tienes, los afectos, y a protegerme de la fama. Viví también la experiencia de hacer una película desde otro lado, y por eso pude valorar más lo que hace la gente que está a mi alrededor cuando filmo como actor. Como actor aprendí –o estoy en el proceso de aprender– a contar una historia. En resumen, descubrí la importancia de trabajar en equipo, de saberme rodear de la gente correcta, de saber escuchar y saber ignorar lo que hay que ignorar. 

¿Cómo fuiste armando el guión?
En un documental el guión se escribe mientras vas filmando, y una vez que te sientas a editar es como la última reescritura, porque vas descubriendo y explorando cosas en el camino; también vas tomándote licencias para investigar y profundizar.

Esa fue la parte más fuerte, conducir las entrevistas para que se mostrara la historia que yo quería contar. Tomé la decisión de que la película la contaran los personajes que rodeaban a Julio César. Toda la historia la relatan su promotor, Don King, Mike Tyson, el Finito López, Ana Guevara, Salinas de Gortari, su mamá, su hijo… y todo para hablar sobre lo que a mí me tocó ver

¿Héroe o antihéroe?
Es un héroe incomprendido, que era un mago para boxear, pero que como los grandes genios también tiene partes oscuras. En la película vas a conocer los dos lados de Julio y el boxeo. Es una película emocionante pero que pega duro; es triste por lo que hemos hecho con nuestro campeón al juzgarlo no sólo por sus méritos deportivos, que son muchos: defendió 37 veces su título y tiene los dos récords más importantes del boxeo, y eso lo hemos olvidado.

¿Cambió tu idea de la fama?
Me impactó mucho la relación que Chávez tenía con la fama. Creo que somos muy injustos con el éxito. Al principio tú te vuelves famoso por tu trabajo y al final lo último que importa es tu trabajo y te juzgan por lo demás. Obviamente al hablar de lo que me interesaba de ese personaje, acabé hablando de mí. Se habla de la fama y la exigencia, del peso de la expectativa de la gente. Y al final se habla de que la batalla que vivimos día con día es con nosotros mismos.

Pero en tu caso has podido manejarla…
Lo que más me cuesta de todo lo que hago es la fama; me estorba. Si la puedo usar para decir lo que pienso, para generar los cambios que me gustaría ver, o por lo menos apuntar hacia ellos, lo haré. Es una responsabilidad.

¿Por qué es importante hacer cine?
Porque creo que el cine define en mucho la identidad de una cultura, de una sociedad. Además, el cine nos refleja, es el punto más alto de la comunicación y la forma más sencilla de conocernos. Me encanta el ritual que hay alrededor del cine: apagar las luces, el teléfono, tu vida, y que alguien te cuente una historia a través de imágenes y sonido.

¿Es este el inicio de Diego Luna director?
Me veo haciendo cine y teatro toda la vida –desde qué parte, no sé–. He disfrutado mucho del cine, ese trabajo que se hace en conjunto y que no podría ser de otra manera. Cuando haces cine dices, “mañana estrenan mi película”, porque le diste un cacho de ti; detuviste tu vida tres meses si eres actor; seis, si trabajas en la producción; tres si produces y cinco si eres el director. 

¿Qué cosas has dejado para estar ahí?
Muchas, crecer antes de tiempo, tener responsabilidades cuando normalmente te las resuelven. Es difícil estar donde quieres estar. Cada vez el mundo te orilla más a donde ciertas esferas de poder te necesitan y no donde tú quieres estar. Hacia allá va el mundo y nosotros tenemos que jalar al contrario.

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