Proceso
enero de 2007

Viviendo con la fama...

Informales, agudos, pero sobre todo escépticos, se muestran los actores Diego Luna y Gael García cuando se personifican a sí mismos en esta entrevista con los escritores Juan Villoro y Fabrizio Mejía. Hablan tanto de lo que no son (política, farándula, fama) como de lo que son y quieren ser (cine, causas sociales y cine). Aunque ironizan sobre aquellos que los convocan “en paquete”, en este caso decidieron hablar juntos para Proceso.

Creemos tanto en los buenos actores que a veces pensamos que son lo que representan. Se consulta en la calle a los que aparecen en series de médicos, se les insulta en la cola de los bancos a los que aparecen de villanos.

Gael García Bernal ha interpretado al Che Guevara en dos ocasiones, Fidel y Diarios de motocicleta, y puede ser visto como un voluntario de las causas justas cuyo rostro carismático decora millones de camisetas. Actor versátil, el nuevo sex symbol latino se travistió en La mala educación y tomó los hábitos en El crimen del padre Amaro, la película mexicana más taquillera de la historia.

Por su parte, Diego Luna ha dotado de una personalidad perpleja (un testigo asombrado ante lo que ve) a personajes tan diversos como un inmigrante chicano en La terminal, un nerd de la computación en Nicotina y el prócer de la autonomía universitaria, Alejandro Gómez Arias, en Frida. Pero los papeles con los que más los asocia el gran público sin duda son los “charolastras” de Y tu mamá también. ¿Qué hay en ellos de esos personajes? Conservan el desenfado, pero rehuyen el desmadre a ultranza.

De acuerdo con Martin Amis, el ego de un actor es una supernova que estalla en cada latido de su satisfecho corazón. El primer encuentro con Diego y Gael desconcierta; da la impresión de que sólo ha llegado una parte de ellos y que sus ínfulas llegarán después. Nada más lógico, a fin de cuentas, que el ego de los símbolos latinos sea impuntual. Pero el suspicaz cronista se queda esperando ínfulas en vano. ¿Es posible actuar la sencillez? Diego y Gael llevan sus gastadísimas camisetas
como una segunda piel y en cada frase le declaran la guerra a la pedantería, la posesiva señora que regentea a tantos artistas.

Aunque a veces caminan sobre alfombras rojas, prefieren otros destinos de viaje. El teatro, la ecología, los Pumas de la Universidad Nacional, el box y los reportajes son algunas de sus pasiones. No discuten de vinos, marcas, gastronomía, hoteles o deportes raros. Cuando mencionan a una actriz lo hacen como aficionados al cine que desearían conocerla. Están convencidos de que su vida es más divertida que la nuestra (“no hay nada más aburrido que contar cómo se escribe un libro”, comenta Diego), pero sólo soportan las horas muertas del rodaje si tienen algo que leer.

Cuando entramos a la casa donde nos esperaban para esta entrevista, los encontramos abismados en sus laptops, en compañía de Pablo Cruz, su socio en la productora Canana. Si María Félix fue la misma dentro y fuera de Doña Bárbara, Diego Luna y Gael García Bernal son “charolastras” de tiempo parcial: celebran los chistes con risas de estruendo, pero tienen una disciplina de trabajo capaz de satisfacer a un maestro oriental.

Su presencia en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara provocó una tumultuosa estampida de alumnas de secundaria y su aparición en el palco de los Pumas merece más comentarios que el partido, pero no es ése el guión que prefieren para su vida personal. En cierta forma, luchan para ser desconocidos. Sólo una parte de ellos emerge ante los reflectores. La fama es el efecto secundario o el daño colateral de su trabajo. Nos reunimos una fría tarde de enero para hablar con ellos de los usos y abusos de la cultura mediática.

“Tu fama me pertenece”
Fabrizio Mejía Madrid (FMM): El tema de la celebridad parece haber cambiado. Antes los famosos provenían
del cine, ahora la fama se ha desperdigado. Un empresario como Donald Trump puede ser famoso. O alguien como Paris Hilton, que no es nada. En México, los famosos vuelven a ser actores. ¿Cómo ven esto?

Gael: En mi caso se trata de una fama que nadie buscó ni pidió. Si ves cómo estaba el cine mexicano, no se podía pensar en esto. Al contrario, la relativa invisibilidad nos daba libertad. Es un camino muy distinto al de personas que hacen carreras para ser famosos, como Paris Hilton.

Diego: El público y la prensa se sienten responsables de generar referentes que puedes comparar con los de Estados Unidos. Hay una sensación de pertenencia, de decir: “tu fama me pertenece porque compré todas esas revistas que hablan de tu vida, porque te seguí en el restaurante y le pregunté al mesero qué comiste…”. Creo que el fenómeno es otro: el cine, como cualquier cosa que vive de vender boletos, se tiene que publicitar. Con Sexo, pudor y lágrimas y Amores perros el cine mexicano comenzó a tener más público y se entendió que había que promoverlo de otro modo.

Gael: Entonces había que rogarle a los medios. Lo que queríamos era que la gente fuera al cine.

Diego: En Estados Unidos el cine aprovecha la fama de las celebridades. Michael Jordan tiene su película por ser famoso. En nuestro caso fue exactamente al revés. Aquí la celebridad no llega antes que tu trabajo. Primero tienes que actuar y luego quieren saber con quién te acuestas. Una vez que esto se ha hecho, hay gente que sí cree que se puede llegar primero a la fama y anda vendiendo sus bodas y el bautizo de sus niños…

Gael: Lo peor es que no funciona. Si el parámetro es Paris Hilton, es difícil imitar eso. No veo el sentido de que piensen en mi vida privada. Si yo fuera a todas las premieres, anunciara perfumes, hiciera aceite de oliva y dijera cosas de mi vida, me pondría de pechito para que hablaran de mí y basaría en eso mi carrera. Pero no es así. Estamos tratando de encontrar cómo carajos puede existir el cine en México y eso también tiene que ver con cómo se habla de cine en México. Estamos buscando qué voces nos pertenecen. Muchas veces me despierto pensando en esto: ¿Por qué carajos, si no he hecho películas mainstream, pertenezco a la fama mainstream?

Juan Villoro (JV): Hay actores que venden por marketing y basan todo en su apariencia, y actores que apuestan a un contenido. A veces se confunden ambas cosas.

Gael: No existe nadie que garantice taquilla. Hay películas de gente muy famosa que se han hundido.

JV: ¿Fundaron la productora Canana, que desde su nombre tiene resonancias zapatistas, para lanzar proyectos ajenos al mercado?

Diego: La necesidad de hacer cosas no viene de la fama, pero los medios para hacerlas sí. Cuando estábamos promoviendo Y tu mamá también decíamos: “hay que tener nuestra compañía de teatro, sería poca madre hacer películas independientes, construir un forito…”. Ante la fama nos dimos cuenta de que teníamos una herramienta muy útil para nuestras chaquetas mentales. Cuando yo hacía telenovelas tenía una fama que me servía para firmar autógrafos, pero no podía vivir de ella.

JV: Ahora se ven las nominaciones a los Oscar casi
como la reconquista de California.

Diego: De manera totalmente exagerada. Esa gente ya hacía buen cine desde antes. No creo que el público haya ido a ver Los niños del hombre
como un emblema para reconquistar California. Si la reestrenan, probablemente vaya más gente con esa idea.

FMM: En Estados Unidos las celebridades están aprovechando su posición para llamar la atención sobre la pobreza en África, adoptando un hijo, como Madonna, o hablando con políticos, como Bono. Me parece que son muy poderosos a la hora de llamar la atención pero muy poco eficaces para la ayuda real.

Gael: Eso es caridad. En los países ricos cumples con tu espíritu social y luego ves una película de Almodóvar. En un país pobre cambian las reglas. Cada decisión que tomas tiene otras repercusiones políticas. En la caridad todo es más lejano. Madonna vive en un castillo en Inglaterra y da un concierto de beneficencia con el mismo ímpetu con que canta en un comercial.

JV: Muchos artistas usan las causas sociales
como parte de su promoción. Es mejor publicidad decir que luchan para salvar la Amazonia que anunciar suéteres.

Diego: El día que peor me sentí al respecto fue cuando vi a U2 en Los Ángeles. En un momento
del concierto todo mundo levantó sus ipods para alzar una luz contra la pobreza, ¡pero esa luz era la de un aparato de lujo! La verdad es que a nosotros nos cuesta mucho más trabajo hacer todo esto. No creamos Canana para ayudar sino para ayudarnos. No tenemos una cuenta ilimitada y la compañía está en números rojos. Queremos generar cosas, apoyar a que se hagan los documentales que queremos ver.

Gael: Antes que actores somos espectadores.

Diego: Las salas están llenas de películas con las que no nos identificamos.

¿En qué país queda México?”
FMM: Hay dos lecturas para las nominaciones a los Oscar: una patriótica y otra que piensa que a fin de cuentas no se trata de cine mexicano.

Diego: Me da un poco de tristeza que empecemos a sentir que estamos haciendo las cosas bien. Tenemos a grandes directores que se tienen que ir a filmar a otros lugares. No podemos decir que por estas nominaciones nuestra industria está fortalecida. De hecho, sucede todo lo contrario: nuestra industria ha impedido que esas personas trabajen donde querían trabajar. Lo dice Alfonso Cuarón: “somos braceros de lujo”. No me preocupa que el presidente Fox no le haya hablado a Guillermo Arriaga cuando ganó el premio en Cannes como mejor guionista, ¡me preocuparía que le hablara! ¿Con qué cara le va a decir: “estamos haciendo las cosas bien, felicidades”? Gracias a las políticas culturales de México todos esos directores viven en otro país. Dirigen para compañías extranjeras y por suerte son gente con sentido común que le regresa cosas a México, porque la mitad de Babel se filmó aquí, lo cual trajo mucho dinero.

Gael: También sería injusto pensar que Babel es cine estadunidense. Es lo menos Hollywood que hay. En Marruecos, Japón y México, la mayor parte
del equipo era de acá. Por otro lado, Los niños del hombre es la película más inglesa que puede haber, mucho más que La Reina.

Diego: Cuando me preguntan qué se siente que México esté triunfando en Hollywood, contesto: “No, hay unos mexicanos a los que les ha ido de huevos y que se sobrepusieron al impedimento de poder hacer cine en su país”.

Gael: Además, no creo que el objetivo sea ganar premios. Eso no es lo que importa.

JV: Hace un par de años
Hollywood trató de reparar una asignatura pendiente premiando artistas negros. Ahora parece que llega la primavera de los latinos. ¿Hasta qué punto es un gesto políticamente correcto?¿Los liberales de Hollywood quieren compensar el maltrato a los paisanos o es un interés duradero por el cine que puede salir de acá?

Diego: Si le rascas, obviamente encuentras el sentimiento de culpa de todos aquellos que alguna vez le pegaron a su jardinero o se les antojó la hija del jardinero o se hicieron una chaqueta pensando en la chica que trabajaba ahí en las mañanas. Algo hay de ese sentimiento de culpa en Hollywood. Pero el interés no sólo es de Estados Unidos. Nos acaban de invitar a presentar un premio en el MTV de Europa. Eso antes no pasaba. Además, la gente que se te acerca te habla primero de Y tu mamá también. Es la película con la que nos asocian.

Gael: Si vas a Puerto Escondido te encuentras a un noruego que te dice: “Aquí filmarouuun Y tu mamá tambn”.

Mexicanos fuera de la cocina y dentro
del clóset”
Gael: Hay temas que los propios gringos empiezan a trabajar, como la frontera. Es una deuda del cine de Estados Unidos: no ha documentado lo que pasa ahí con los chicanos. Hay un cambio en cómo se piensan las historias de mexicanos en Estados Unidos. Antes era una especie de viaje punitivo: el mexicano llegaba a superarse, su historia sólo era interesante si contaba la forma en que se adaptaba y terminaba con una rubia. Con lo único que se quedaba era con su color. Ahora ya no se necesita deslavar la identidad de los que se van allá.

JV: Recuerdo el asalto a la cafetería en Pulp Fiction. Uno de los criminales grita: “¡Saquen a los mexicanos de la cocina!”. No los ha visto pero supone que los cocineros sólo pueden ser mexicanos. En las nuevas historias los mexicanos ya salieron de la cocina.

Diego: Además, si las películas hablan de los que están en la cocina no los tratan como los que quieren irse a sentar al escritorio del abogado. Hablan de la vida de un tipo que está ahí metido y punto, la vida real de un lavaplatos. El personaje es interesante por lo que es, no por su aspiración de ser otra cosa.

Gael: En el cine independiente se han ido rompiendo moldes: primero dos chicas besándose, luego la homosexualidad, ahora la realidad de los mexicanos en Estados Unidos…

JV: Ahí también entra lo políticamente correcto…

Diego: Sí entra y sí existe, pero no justifica el éxito de las películas.

JV: ¿No temen que el interés por lo latino sea una llamarada de petate?

Diego: Puede serlo si no generamos más oportunidades. Alfonso Cuarón tuvo los güevos y el talento de irse
como asistente de dirección. Ahora ya se abrieron puertas, pero hay que mantenerlas abiertas.

Gael: En el caso de Babel no pienso en cine mexicano sino en cine hecho por mexicanos, pero en el resto del mundo sí lo ven como cine mexicano. Hay que aprovechar ese poder mediático.

JV: ¿Cómo comenzó el acoso a El crimen del padre Amaro?

Gael: Hubo una reportera que se quiso acostar con los actores durante el rodaje para saber de qué trataba el escándalo.

JV: ¿Ella había oído rumores?

Gael: Sí. De manera muy audaz, un periodista habló con Serrano Limón, de Provida, para decirle que justo cuando el Papa venía a México se estaba haciendo una película sobre un cura que le daba hostias a un gato. Ojalá ese periodista leyera esto.
Para entonces muy pocos sabían de qué trataba la película.

JV: La censura quiere ser preventiva. No necesitan informarse para prohibir. El Ayatolah condenó a Rushdie sin leerlo.

Gael: Eça de Queirós fue censurado en su época. Alguien soltó el pitazo de que su novela se iba a filmar en México. El mundo que Serrano Limón representa ya había tratado de censurar muchas cosas. Fox acababa de ganar las elecciones y se querían cobrar una deuda pendiente. Era el momento preciso para que la película llamara la atención. El presidente estaba pensando en besar el anillo al Papa...

Diego: Este es el país que más dinero le genera al Vaticano.

Gael: La represión se convirtió en la mejor campaña de prensa altruista que alguien haya hecho en favor de una película.
 
Diego: La historia de la mercadotecnia en el cine y en la vida de los publicistas existe antes y después de Serrano Limón. A partir de ese momento todo mundo puso en su poster unas nalgas, un pito o una Virgen. Pero la misma campaña no te sirve para dos productos distintos. Cuando hicimos Y tu mamá también no todo mundo quería hablar
del tema o te mandaban a los programas de las 11 de la noche. Creían que la película trataba de dos tipos que se besan. La película trata de otras cosas.

Gael: En ese momento no existía la clasificación B-15. Después de Y tu mamá también decidieron ponerla. Era absurdo que los jóvenes chilenos pudieran verla y los mexicanos no.

JV: También se puede hacer una lectura moralista de la película. Dos hombres se besan y después no se vuelven a ver: el contacto homosexual los separa. Y una mujer se acuesta con dos hombres, protegida por su rareza de ser extranjera y estar enferma de muerte. Podría entenderse que una mexicana saludable no haría eso.

Diego: La película trata precisamente de esa doble moral, de cómo podemos acomodar las cosas para verlas de distinto modo. Podrías decir: “estos dos güeyes no se volvieron a ver porque se dieron un beso”, o puedes pensar que no se volvieron a ver porque desde el primer día cada uno se andaba cogiendo a la novia
del otro y llevaban siete años mintiéndose. Puedes acomodar todo para que tu lado moralino descanse y pensar que alguien vomitó porque besó a su amigo. Para mí, vomitó porque se metieron dos botellas de mezcal, y no se volvieron a ver porque uno se había cogido hasta a la mamá del otro.

No había amistad en realidad sino una relación viciada por una cantidad tremenda de mentiras. Me acuerdo de otra película que vivió algo similar, aunque por razones políticas: La ley de Herodes. Estábamos en Acapulco esperando el estreno y la copia no llegaba. Era época de elecciones, parecía que algo iba a cambiar y que la película podía influir. Es raro que todo eso no se acabe de una vez. Hemos vivido una cantidad increíble de fraudes pero en cualquier lado llega el gobernador y todo el mundo se cuadra. Llega la iglesia y pasa lo mismo. Hemos aprendido a vivir con la indiferencia, a no escuchar cuando nos conviene. Nos quejamos del nivel de la corrupción, pero si nos preguntan si queremos examen preferimos que no nos lo hagan. Hemos aprendido a ser muy mojigatos.

JV: ¿Mojigatos en qué sentido?

Diego: En que no estamos dispuestos a pagar los costos por las cosas que criticamos. Nos quejamos pero no queremos cambiar: hacer la cola, presentar el examen… aceptar que en un antro haya dos tipos dándose un beso al lado de nosotros y no cuchichear al respecto, aceptar que a tu hijo (que está en la mejor escuela, juega futbol desde chiquito, veía las peleas de Julio César Chávez) le gusta un compañero. Eso es normal pero no todo mundo abraza esa parte. Hay gente que acepta una marcha gay pero no que su hijo sea puto. ¿Cómo es posible que los gays siempre sean los otros y tu hijo sólo pueda ser puto?

La publicidad de la censura
Gael: Cuando se estrenó El crimen
del padre Amaro eran los tiempos de las primeras denuncias contra el padre Maciel. En todo el mundo surgió el tema del abuso de los sacerdotes a los niños. La prensa estaba a favor de ventilar estos temas y los que fueron a ver la película lo hicieron por una decisión contra los que querían decidir por nosotros. El crimen del Padre Amaro hizo 16 y medio millones de dólares.

JV: ¿Cómo escogieron los documentales de Ambulante?

Gael: Decidimos hacer una sección que se llama Dictator´s Cut (El corte del dictador), con documentales que han sido censurados. Vamos a mostrar un documental censurado en México durante muchos años, La revolución congelada de Raymundo Glezer, un cineasta argentino que vino a México. Su documental, hecho en 1967, trata de cómo la Revolución Mexicana nunca llegó a Chiapas. El gobierno mexicano lo deporta antes incluso de terminar su cinta, Glezer no logra salir de Argentina y es desaparecido por la dictadura. Lo conseguimos gracias a su viuda, que vive hoy en Nueva York. Traemos también This Film Is Not Yet Rated (Esta película todavía no tiene clasificación), acerca de la censura en el cine estadunidense. Es una película a la que se le negó una clasificación, está unrated.

Diego: Y lo que pasa es que, sin clasificación, las grandes cadenas no te distribuyen. En Estados Unidos nos negaron la clasificación con Y tu mamá también.

JV: ¿La reacción fue más pudibunda en Estados Unidos?

Gael: Aquí no puede salir una película sin clasificación, la necesita para ser exhibida. En Estados Unidos es una recomendación de distintos círculos de la sociedad, no de un comité gubernamental. Aquí es una censura desde
RTC (Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía) de la Secretaría de Gobernación.

Diego:
RTC decide si los elementos de tu historia son digeribles o no para el pueblo de este país.

Gael: En Y tu mamá también Gobernación metía, por joder, inspectores a las salas de cine.
Para checar la edad de los espectadores.

Diego: También hay una parte de la censura que deriva de la impunidad. Como las historias de los narcos. Mientras los narcos sean cotorros, tengan su corazoncito y no maten al niño, podemos hablar de ellos, pero hacer una película sobre los narcos
como son, después de dejar cabezas de policías en las calles, no se puede. Eso refleja el poder que tiene en México una amenaza. Aquí te llaman por teléfono: “no toques ese tema”, te dicen, y no lo vuelves a tocar. En Estados Unidos una llamada así te da el poder para hacer cinco películas más sobre el tema.

Las campañas: se alquila un actor”
JV: La otra cara del poder serían los políticos que se acercan a los actores por la popularidad que tienen con el público. ¿Quién se les ha acercado desde la política?

Gael: Se nos acercaron PAN y PRD. El PRI no.

Diego: ¡Porque no les contestamos el teléfono!

Gael: Sí, es el partido al que nadie quiere contestarle el teléfono.

Diego: Luego uno es rependejo porque dices: “Me invitaron a hablar de cultura, que chingón, y voy a poder decirles lo que pienso”. Llegas, el candidato se toma la foto contigo y a la hora que te toca hablar ya está en Guamúchil tomándose una foto con el mariachi de allá. Te deja con los medios, pero ya se tomó la foto. Están tan alejados de la gente que recurren a cosas tan burdas como tomarse una foto contigo.

Gael: Por eso no hicimos spots. La pregunta era si realmente estábamos convencidos. Si no doy la cara para un comercial, ¿puedo darla para una campaña política de la que no estoy seguro?

FMM. Pero sí darían la cara por causas, ¿no?

Gael: Sí, claro. Yo estoy con la ONG [para el comercio justo] Oxfam y voy a Hong Kong
a trabajar con ellos.

Diego: Los políticos no se acercan personalmente a nosotros, no les interesa tu postura. Muchos “paquetean”: nos buscan a Gael y a mí en bloque. Y la postura política es una cosa muy personal. Yo puedo creer que tal candidato es la solución y Gael puede estar en total desacuerdo. Pero las invitaciones llegan
como “vengan vestidos de Y tú mamá también y se dan un beso al final”.

Gael: Lo único que compartimos es la afición por los Pumas…

Diego: En las elecciones no sentí que hubiera alguien con quien me la jugara hasta el final. Estoy tan preocupado por cómo está nuestro país que si esa persona existiera yo lo apoyaría feliz de la vida. Así como me la paso anunciando a la Casa de la Sal y su trabajo a favor de los niños con VIH.

Gael: Siempre está la sospecha de que hay algo que el político no está diciendo. No hubo una definición limpia de propuestas. Siempre había cosas que se guardaban, quizás por táctica.

Diego: Una cosa es votar y otra es qué haces con la palabra. Apoyar una causa es tener los güevos, seis años después, de mantenerte. Es difícil no encontrarle a un político las grietas y las humedades cuando lleva un tiempo en el poder.

JV: ¿Cuál es su postura ante la publicidad? ¿Cuáles son los límites del actor al hacer anuncios?

Gael: Existe el
mito de que los actores ganamos mucha lana. Los auditores de Hacienda veían mis cuentas y no lo creían. En Diarios de motocicleta gané mucho menos que En la mala educación. Pero, a pesar de la falta de dinero, hacer un comercial para mí es muy difícil porque significa romper el contrato espiritual de la actuación, la idea de la mutación y de convertirte en un personaje, la credibilidad de tu trabajo. Madonna promueve erradicar la pobreza en el mundo y con la misma canción anuncia Motorola. Hay un punto de incongruencia. No dormiría tranquilo haciendo eso porque sentiría que mi trabajo lo capitaliza una marca.

Diego: Yo, que sí he hecho anuncios, les puedo decir el otro lado. El principio es una relación económica para obtener la tranquilidad que el cine no te da. Yo hice telenovelas hasta los 19 años y es más desgastante que hacer el anuncio de American Express o Ermenegildo Zegna para darme el chance de vivir donde quería hacerlo y de trabajar en la Compañía Nacional de Teatro, donde me pagaban mil pesos por función cuando había ensayado durante tres meses. Creo que es mi trabajo
como actor lo que me da credibilidad para que estas compañías me dejen intervenir en los contenidos de sus anuncios.

Gael: ¡Luego hasta te piden que te depiles!

Diego: Sí, porque vas a salir con la camisa abierta anunciando un resort al que no puedes volver porque no te alcanza para pagarlo. En Zegna yo intervine para decidir dónde lo hacía, qué fotos, con qué director. Y no sólo era eso. Un porcentaje de lo que me pagaron fue a Casa de la Sal y se comprometieron a hacer tres eventos de beneficencia. American Express fue el primer patrocinador de Ambulante. Dieron 150 mil dólares para mantener el precio del boleto en 15 pesos.

FMM: Hay una paradoja de las celebridades: representan un papel pero la audiencia exige ver “su verdadero yo”, cuando la definición de un actor es no tener un verdadero yo.

Diego: De alguna manera, la fama te obliga a crear un tercer personaje, si te interesa conservarte lejos
del escrutinio y la explotación de tu privacidad. La vida de uno siempre resulta más aburrida de lo que dicen los medios. Si me hubiera acostado con todas las chicas con las que dicen que me acosté, jamás habría tenido tiempo de tener mi primera relación sexual. La fama te obliga a crear a una persona pública, que es un tercero en el cual te escudas para mantenerte siendo tú.

JV: Hay una imagen que se espera de ustedes y, curiosamente, es que sean genuinos.

Gael: Y nos meten en clasificaciones. El James Dean latino o el nuevo Marlon Brandon. Son etiquetas que cambian cada mes.

Diego: A Gael lo nombraron Hombre del Año en la revista GQ el mismo año en que le fue de la patada con las mujeres y ni a novia llegaba. Yo le hubiera dado el Perdedor del Año.

Gael: La fama es la parte de tu vida que no llegas a entender. Me sacude no poder caminar a paso de gallo por
el centro de la ciudad. Lo que me hacía feliz era sentirme invisible entre tanta gente.

Diego: Una vez renté una casita en Tepoztlán para ir con una mujer con la que quería estar desde hacía muchos años. Cuando pagué en la caseta de la carretera ella aprovechó para comprar una revista de espectáculos. Y descubrió que traía una foto mía, dándole un beso a otra mujer. Mi viaje romántico se convirtió en apagar un fuego por un beso que había sucedido cuatro meses antes. Le agradecemos a mucha gente que mantenga esa flama ardiendo. ¡Alabados sean Niurka y Bobby Larios! Hay un mundo que quiere ser famoso y alimenta esa industria
del chisme. Así, a nosotros nos dejan trabajar.

Source: http://www.proceso.com.mx/impreso_nota.html?nta=140151&sec=11