Quién
15 mayo 2007
Por: Marcia Frías Paulín 
A los dos años perdió a su mamá y a los 17 casi deja la
actuación por una novia 15 años más grande que él. Esto hizo
que se enfocara en su trabajo. Hoy, el exitoso actor y
productor se lanza a un nuevo reto: dirigir.
Cuando uno oye el nombre de
Diego Luna no puede evitar preguntarse si la imagen pública
del charolastra, condechi, chavo cool que transmite es la
misma tras los reflectores. Y sí, pero también existe un
hombre de 27 años muy talentoso, sensible, al que le gusta
vestir bien en su estilo desenfadado y al que le tocó
madurar antes de tiempo y ser de chico un niño-adulto algo
solitario.
Hicimos la entrevista unos
días antes de la sesión de fotos. Nos recibió en la sala de
edición donde ultimaba detalles de sonido de la película con
la que se estrena como director y que presentaría en el
Festival de Cine de Tribeca en Nueva York: JC Chávez.
Verlo en acción atrapa la
mirada, al igual que las escenas en la pantalla sobre el
boxeador más grande que ha tenido México. En el cuarto está
su papá: el escenógrafo Alejandro Luna. La relación entre
ellos es cariñosa y de respeto. Para el actor, su padre ha
sido su gran apoyo pues es hijo único y su madre, la pintora
y diseñadora de vestuario Fiona Alexander, falleció muy
joven en un accidente automovilístico.
El protagonista de Y tú
mamá también cuenta que aunque todavía no está preparado,
sí quiere formar una familia. Su deseo es notorio, ya que su
casa, donde hicimos el shooting, no es la de un soltero,
sino más bien un espacio familiar en espera de ser llenado.
La muerte de su madre a los 32 años
le dejó una profunda huella que lo llevó a relaciones
sentimentales con mujeres mayores y que trabajó en terapia
cuando tenía 13. Es con ese episodio que comenzamos nuestra
plática.
Tenías tan sólo dos años cuando murió tu mamá. ¿Cuándo
dijiste "la extraño"?
Diego: No hay un antes y un después. Es paulatino.
No extrañas algo en particular, tienes la sensación de una
ausencia cuando te comparas con los demás y te das cuenta
que tú no tienes algo que ellos sí. A veces, la idea de la
pérdida de mi mamá era más fuerte para la gente que estuvo
cerca de ella que para mí, porque nunca la tuve. Aprendí a
hablar, a vivir, a ser así sin ella.
¿Conviviste con la familia de ella (tenía cinco hermanos)?
Diego: No mucho porque son ingleses. El contacto
con ellos era difícil porque me recordaba la ausencia de mi
madre, así que huía a ese contacto.
¿Los visitabas en Inglaterra?
Diego: Sí muchas veces. Nos conocemos muy bien y de
chavito pasé varios veranos allá. Pero también había una
necesidad de no relacionarme con ese mundo, con esa parte de
mí, y conforme fui creciendo, me di cuenta que era una
tontería. Eran viajes dolorosos porque era reconstruir una
parte de mí que no conocía. Y de repente te das cuenta de
que te reflejas ahí, que hay muchas cosas en común.
¿Fuiste a terapia?
Diego: Sí, como un año, cuando tenía 13. Sabía que tenía
un issue; que tenía que resolver la muerte de mi
madre.
¿Te llevaron o tú decidiste ir?
Diego: Mi papá tenía la regla de no imponerme
cosas, de cuestionarme, hacerme pensar, y una vez que yo
tomara una decisión, apoyarme. La psicóloga me decía que
había un Diego bebé, uno muy niño y un adulto, y el que no
encontraba era el de 13 años. Y eso sentía. No me
identificaba con los chavos de mi edad. Sentía que mis
preocupaciones tenían más que ver con las de los adultos.
Muchas veces he dicho que esto que hago (ser actor) es el
sueño de un huérfano; de formar una familia con quienes
trabajo.
¿Superaste el duelo?
Diego: No lo superas. Uno aprende a vivir con eso.
¿Qué recuerdos guardas de tu
mamá?
Diego: En muchos sentidos me convertía en mi madre
porque la gente dejó de tenerla, me parecía a ella y era lo
único que dejó en México. Había etapas en las que no quería
saber nada de ella; otras donde me la pasaba preguntando.
Había veces que tenía demasiadas mamás. Todas sus amigas
sentían la necesidad de ser mis mamás. He armado historias
buenísimas de lo que me han contado: que era una mujer
maravillosa, súper amorosa, temeraria… Me ha tocado
recolectar todos los amores que sembró.
Su primer
gran amor… Dicen que los hombres se relacionan con las mujeres
dependiendo de cómo lo hicieron con su mamá de chicos.
Diego: Ojalá no sea cierto
porque quiere decir que voy a estar solo toda mi vida
(ríe).
Te percibes
como una persona solitaria.
Diego:
Sí, sí soy solitario.
¿Cuántas
relaciones sentimentales han marcado tu vida?
Diego:
Tres, aunque no las voy a
enumerar.
¿Eran
mujeres mayores que tú?
Diego:
De chavito me llevaba con
gente mayor y por ende me atraían mujeres mayores. Ya me he ido
relacionando con personas de mi edad.
¿Buscabas
una figura materna?
Diego:
Sí, no voy a desmentir a
Freud.
¿Cuántos
años tenías la primera vez que te rompieron el corazón?
Diego:
17. ¡Eso no se olvida nunca!
Creí que esa relación era para toda la vida. Ella no vivía en el df
y yo estaba dispuesto a irme. Ya había dejado todo; estaba listo
para tomar una maleta y entregarme a una nueva vida y ¡sopas!, me
recibieron con un buen golpe.
¿Cuántos
años tenía ella?
Diego:
Como 15 más que yo.
¿Dónde se
conocieron?
Diego:
Aquí en México. Era una chava
a toda madre. Me enamoré bastante más que ella. Era lo máximo, y de
hecho seguimos siendo amigos. En ese momento era todo para mí y no
pensé dos veces en irme con ella.
¿Era casada,
tenía hijos..?
Diego:
Pues…
¿Y qué
sucedió contigo cuando esa relación terminó?
Diego:
Me rompió el corazón pero
también me echó la mano en mi chamba. Regresaba del peor viaje de mi
vida y del avión le hablé a Toño Serrano (director de Sexo, pudor
y lágrimas), a quien ya le había dicho que no para un proyecto.
Me dio una oportunidad y empecé a trabajar en Argos.
¿Te volviste
más solitario a raíz de esa desilusión amorosa?
Diego:
No, me gusta vivir mi soledad
de repente.
Tienes fama
de conquistador, ¿es un mito?
Diego:
Si la mitad de lo que dicen
fuera cierto, mi vida sería un infierno.
Dinos las
cualidades de la mujer con quien formarías una familia.
Diego: Que vea la vida como yo,
que se divierta, valore su independencia… Uno tiene que saber estar
solo para empezar a relacionarse y no al contrario.
Paola Núñez
entraría en esa descripción, ¿por qué no funcionó?
Diego:
Eso lo dijiste tú, no yo.
Nunca he hablado de ninguna de mis parejas ni lo haré porque para mí
son códigos de confianza.
¿Qué tiene
que hacer una mujer para conquistarte?
Diego:
Una cosa es una conquista y
otra que la dejes entrar. Tendría que acercarse, ser ella y tener
ganas, así de sencillo.
"Tengo
idealizado a mi padre"
¿Eras celoso con las parejas de tu papá?
Diego:
Sí claro. Les ponía cuatros y
les hacía la vida imposible. Era un hígado, un caprichoso. No me lo
fueran a robar. A donde fuera tenía que ir conmigo. Pobrecito. Pero
crecí y me di cuenta de mis tonterías.
¿Cómo fue la
relación con tu padre luego de que te fuiste a vivir solo a los 16
años (compartía depa con Oswaldo Benavides)?
Diego: Muy difícil, pero me
educaron para defenderme solo desde chiquito. Aprendí a vivir con la
ausencia de una madre desde niño y fue una gran escuela. Mucha gente
sale de su casa huyendo. Yo me salí porque sentí que tenía todos los
beneficios de ser un adulto y no lo era porque vivía con mi papá.
Quería ser responsable de pagar la renta, que hubiera comida, que
estuviera limpio o sucio... Nos tomó tiempo tanto a él como a mí
asimilarlo, pero a partir de ahí nos hemos vuelto mucho mejores
amigos.
¿Cómo tomó tu padre tenerte lejos?
Diego:
Le dije que iba a tener un
departamento de soltero (ríe). Tenía un miedo terrible pues dicen
los psicólogos que cuando hay una pérdida, como la muerte de mi
madre, hay un miedo espantoso a perder otro ser amado. Estaba muy
triste diciéndole adiós a su hijo aunque también estaba tranquilo
porque éste se iba a defender en la vida. Ahora está orgulloso.
De la educación que tú
recibiste, ¿qué no repetirías con tus hijos?
Diego:
Pensando en esta pregunta me
doy cuenta que no estoy listo para ser papá. Es muy injusto porque
todo lo que cambiaría no es culpa de mi padre. Sí he visto unas
historias donde dices "hijos de la chingada", pero en mi caso, era
una necesidad echarle la culpa a alguien de mi educación, ¿no? Como
te darás cuenta, tengo a mi padre idealizado.
¿Te gustaría
formar
una familia?
Diego:
Por supuesto, aunque primero
tengo que escoger con quién formarla.
¿Cuáles son
tus miedos?
Diego:
Uno es acabar en donde no
quiero, no poder hacer lo que disfruto. Hay muchísima gente que
trabaja donde no quiere, despierta con la mujer que no quiere o
tiene hijos cuando no quiere. Hasta ahora he estado en el lugar
correcto y eso es un privilegio.
¿Tu lado
oscuro?
Diego:
Cuando me enojo, exploto. Si
me siento traicionado, puedo ser muy agresivo, y no físicamente. Lo
que más me ha enfurecido es cuando han usado la muerte de mi madre
para vender. Es espantoso cuando hablan de eso y muestran imágenes.
¿Has
sacrificado algo por tu carrera?
Diego:
Uno mismo es su peor enemigo.
A veces descuido mis relaciones por el trabajo. Me cuesta mucho
decir no, entonces hago 25 cosas a la vez y descuido a la persona
que amo. Disfruto tanto lo que hago que en ocasiones me confundo y
me boicoteo. Incluso me veía a los 27 años casado y con hijos (en
diciembre cumple 28).
¿Cuál ha
sido tu mayor enseñanza?
Diego:
He aprendido a ser muy cínico
a veces, y lo digo en el buen sentido. He aprendido a reírme de mis
miedos, mis desgracias y mis ausencias.
Se lanza al
ruedo
Diego siempre había tenido el
gusanito de dirigir, no obstante había afirmado que no lo haría
hasta que tuviera algo que decir. Por azares del destino, le llegó,
sin querer, la historia que quería contar.
Un día viajó a
Las Vegas para hacerse de los derechos de la vida de un boxeador.
Cuando llegó a ver la pelea de José Luis Castillo, lo sentaron al
lado de Julio César y él le preguntó que por qué no hacía una
película de él. Y entonces inició la aventura, que aderezó con los
testimoniales de otros importantes personajes que vivieron la época
de oro del campeón (1988 a 1995), justo cuando Diego dejaba la
adolescencia y comenzaba a cuestionarse cosas, cuando el país estaba
en efervescencia por el asesinato de Colosio, la devaluación y el
tlc. Entre los personajes que entrevistó están Carlos Salinas de
Gortari, Javier Solórzano, Ana Guevara, José Agustín, Mike Tyson,
Don King…
¿Te costó
trabajo llegar a Salinas de Gortari?
Diego:
Nos recibió en la biblioteca
de su casa. Tiene una personalidad fortísima. Es muy inteligente. Te
clava en su conversación. Yo estaba nervioso, pero no era el único.
Justo cuando dije "corre cámara", mi sonidista le rompió una lámpara.
Era una reliquia y seguro valiosísima. Por suerte lo tomó con humor
y ligereza.
Ya lo había
entrevistado a los 14 años para un programa de Televisa cuando
inauguró el Museo del Niño. Ya era presidente. Me metí con el
micrófono entre los del Estado Mayor y nadie me podía quitar porque
¿cómo iban a agarrar a un niño? Cuando se acabó la grabación me
tomaron del cinturón como costal de papas porque había roto el
protocolo: me había puesto enfrente de donde iba la mujer del
presidente.
¿Qué te
pareció Ana Guevara?
Diego:
Me di cuenta de lo claro que
tiene la vida y la relación con la fama. Platicamos horas sobre la
presión que sentía cuando estaba a punto de correr por una medalla y
todo un país se detenía a verla. Es como multiplicar lo que yo vivo
por dos mil.
¿Y Mike
Tyson?
Diego:
Me tenía muerto de miedo. Fue
un baño de humildad de mi parte porque me hizo esperar una hora y
media. Para mis pulgas fue de "¡cómo te atreves!", y cuando lo
entrevisté, él tenía prisa. Lo quieres matar. Ahí los entendí a
todos ustedes.
¿Qué
descubriste en Julio César?
Diego:
Una historia muy dramática
porque ha llegado lejísimos y también ha tocado fondo; una vida de
muchos contrastes; una persona adorable. Lo que más me cautivó fue
la relación con su hijo y ver cómo la fama y el talento puede atraer
tantas moscas y tanta maldad.
Tú también
has experimentado la fama. En el camino, ¿qué similitudes
encontraste entre Julio César y tú?
Diego:
Nunca generaré lo que él
generó. Es muy honesto, como yo. Cuando lo ves de afuera valoras el
hecho de que la gente te vea y tenga algo que decirte. Al fin y al
cabo es un reconocimiento a ti, a tu trabajo... Eso me sirvió mucho
porque ahora que me pasa a mí, lo valoro más.
¿Qué te
gustaría dejar en la gente?
Diego:
Aspiro a que haya un público
que quiera ver mi trabajo y esté dispuesto a escuchar mis historias;
a amar mi trabajo como lo amo hasta ahora. No más, sería muy
pretencioso. Con eso ya eres el ser más afortunado del planeta, ¿no?
