“Así es mi vida últimamente, cuando siento que las cosas no van bien, cuando estoy triste, algo sucede. Y todo lo que ha pasado, hasta ahora, es muy bueno.”
Es cierto que algo mágico está sucediendo en la vida del actor. En los últimos dos años ha trabajado en cinco películas estadounidenses con los nombres más poderosos de la industria: Kevin Costner, Steven Soderbergh, Lawrence Bender, y ahora Steven Spielberg. Todos han puesto el ojo en el actor de Y tu mama también.
Las revistas estadounidenses dicen que es el actor joven para seguir en el próximo año, su acción en el Hollywood Stock Exchange ha doblado su valor en los últimos seis meses. Los guiones se apilan en su mesa y no pasa un día sin que llegue una nueva propuesta de trabajo. En el festival de San Sebastián 2003, Luna tuvo que multiplicarse. Presentó tres películas: la mexicana Nicotina, la estadounidense Open Range y la española Soldados de Salamina.
De país en país y de película en película, el actor mexicano de moda tiene un agente para cada país, un abogado, un business manager y una publicista, pero no tiene casa. En su suite de hotel se acumulan cajas con su ropa, guiones, libros y películas. “Para qué pongo casa,” dice Luna. “Llevo un par de años en los que no puedo planear nada, es divertido y complicado. Mi casa por el momento son los sets de la película donde trabajo.”
En la primera semana de septiembre, en las agencies de noticias internacionales se informó en voz de varios productores que el actor mexicano Diego Luna trabajaría en tres películas latinoamericanas en 2004. Nadie reparó en que las tres se filmarían en las mismas fechas y hasta en diferentes países.
La última noche de esa semana me senté con Diego en Ciudad de México para terminar este reportaje que había empezado un mes antes en Los Angeles, California. Nada era cierto, me dijo riendo. Conocía el guión de dos de ellas y de la tercera, según le habían dicho, todavía no había historia. De hecho me dijo que la película en español que quería hacer el próximo año era una cuarta, la del director mexicano Carlos Bolado, Sólo Dios sabe, que estaba buscando financiamiento. Y que antes de llegar a México había platicado con Terence Mallick, que quiere filmar el próximo año.
Antes, dice, se hubiera enojado, pero ahora entiende que por razones que ni él se explica, su nombre, al lado de algún proyecto, le da mejores posibilidades de financiamiento. “Si en algo puedo ayudar, ayudo.” Lo curioso es que todo esto tiene que ver más con los medios que con lo que hasta hoy se ha visto en pantalla. Aunque desde Y tu mama también ha filmado cinco películas, ninguna se ha estrenado aún en las pantallas latinoamericanas.
En México la prensa lo sigue a todas partes. En las revistas del corazón se publica el menú de lo que comió y el número de cervezas que bebió. Un paparazzi estuvo de guardia afuera de su hotel por días. “Lo único que extraño de mi vida pasada,” dice Diego, “es el anonimato.”
Lo que pueda pasar el próximo año, cuando las películas se estrenen, no quiere ni imaginarlo. “Sólo sé que estaré trabajando en las películas que yo decida. Con eso me basta. Mira, en la vida necesitamos comer, novia, trabajo y fútbol.” Ya no: en una de las sesiones de entrevista Diego me hizo acompañarlo para comprar nuevas espinilleras. Al día siguiente debutaba en un equipo de mexicanos en Los Angeles. Estaba tan nervioso como antes de filmar una película. A media entrevista repasaba mentalmente sus estrategias. Debía ser generoso en la cancha, se decía. Jugar para el equipo, “para que me vuelven a invitar.” Con diez minutos se conformaba. “Meter un gol?” le pregunté. “Eso sería como el Oscar.” Al día siguiente la crítica no se ponía de acuerdo, no hubo gol, pero había jugado todo el partido. Había hecho un par de Buenos pases, pero había perdido algunas pelotas. Lo peor era que su agente acababa de llamar y era probable que por compromises de trabajo, fuera de Los Angeles, los próximos tres domingos no podría jugar. “Ya ves? No puedo planear nada.”
Han pasado muchos años desde que un niño pequeño y regordete de siete años pisó por primera vez los scenarios teatrales de México, empujado por su padre, el más prestigiado escenógrafo y director de arte mexicano, Alejandro Luna. Y más aún desde el tiempo en que su madre, la pintora y diseñadora de vestuario Fiona Alexander, llevara en brazos al bebé Diego a los teatros donde trabajaba.
Su madre murió en un accidente antes de que Diego tuviera dos años. “Mi papá tuvo que cumplir de mamá y de papá. En Buena parte conocí la actuación y el teatro porque mi papá me llevaba a todas partes. No era fácil con quien dejarme.” Por años Diego no lloró a su madre. “En eso soy un poco raro,” dice. “Es muy difícil extrañarla porque la verdad es que no la recuerdo. No tuve la experiencia de una madre. Yo tuve un papá que cumplió todos los roles. Si lloraba de pequeño, y a veces hasta ahora, era por ver cómo se condicionó la vida de mi padre. Eso no quita que soy una gente normal y trato con gente que tiene una mamá y entiendo lo importante que es una madre para cualquier persona. Pero yo no puedo extrañarla porque no sé de qué carezco.”
A los once años Diego ya estaba en la Compañía Nacional de Teatro. Dice que nunca tuvo dudas de qué quería hacer. En su casa se reunían dramaturgos, actors, actrices. Era su vida. Su experiencia teatral lo llevó a la televisión. Lo invitaron a Televisa a hacer telenovelas.
Su rutina diaria lo llevaba de la escuela a la televisora. Ahí construyó una familia paralela que hasta hoy sigue manteniendo. “Además de mi papá, lo más importante en mi vida son mis amigos. Lo más duro de haber pasado este año y medio fuera de México es no verlos, y ahora, darme cuenta de que ellos siguen ahí. Tengo que ser muy cuidadoso con la gente que quiero porque ahora me he dado cuenta de que ahí están. Y que si uno se la pasa hablando de uno, aburres a la gente. Es muy bonito venir y ver cómo la vida de todos sigue y tienen vidas y hacer cosas. Y lo que importa es compartirlo. El mayor peligro de esto que me está pasando es la tentación de rodearte de gente que sólo te adule. Me parece horrible. Por suerte en estas semanas que he estado en México, ninguno de mis amigos me ha preguntado por Spielberg.”
Es que Luna solo es feliz en el set y entre sus amigos. La mayoría de ellos son actors que ha conocido en su larga carrera. Todos con los que hablé no tienen más que palabras cariñosas con Diego. No hay una sola frase de envidia o recelo.
Cuando Luna habla con alguien no evade la mirada. En los días que pasé cerca de él no hubo petición que no atendiera o pregunta que no respondiera. El mesero que le pide un autógrafo, la joven estudiante que le pide consejo, el ejecutivo que lo quiere para una película o el fotógrafo que lo tiene posando dos horas. Todos acaban encantados con lo sonrisa de Luna, con su abrazo. A Diego le gusta abrazar a sus amigos. Cuando Alfonso Cuarón lo invitó a Y tu mama también, Luna no era solo una estrella de telenovela, tenía en su currículo una docena de películas mexicanas y una veintena de obras de teatro.
“Suerte y trabajo es la formula. Más de lo Segundo que de lo primero,” dice el actor. Impulsado por Cuarón, Luna comenzó a viajar a Los Angeles, pagado con su dinero y a veces acompañado de Gael García Bernal. “Llegábamos al Standard, de Sunset Boulevard. Ahí nos topábamos con muchos como nosotros, extranjeros con ganas de actuar acá. Nos reíamos diciendo que era el hotel de los actors esperanzados con acentos raros.” En Estados Unidos su trabajo solo se había visto en un pequeño papel en la Frida de Salma Hayek.
Al mismo tiempo, con Jesús Ochoa y otros actors formó en México una pequeña compañía de teatro y presentó Las obras completas de William Shakespeare (abreviadas), una comedia que lleva 700 representaciones, hecho inusitado en el teatro mexicano.
Diego viajaba seguido a Los Angeles, pero su primera intención había sido probar suerte en otros países. Sigue creyendo que España y Latinoamérica son el mercado natural para los actores de habla hispana. “Por eso es tan importante intentar crear una industria donde todos podamos trabajar.” En España hizo un papel in Soldados de Salamina, de David Trueba, basada en la exitosa novela de Javier Cercas.
Entre viaje y viaje, en México le ofrecieron un guión que le encantó: Nicotina, que se estrena en México y Argentian en octubre. Dirigida por Hugo Rodríguez, Nicotina es un thriller en tono de comedia en el que actúa con Jesús Ochoa, Daniel Giménez Cacho, Lucas Crespi, Carmen Madrid y Rafael Inclán entre otros. Nicotina fue seleccionada para los festivals de Toronto y San Sebastián.
“Lo que me encantó de Nicotina fue que por primera vez me ofrecían un personaje que no era yo. Por primera vez la descriptión del personaje no decía: joven que todavía tiene una cara inocente, que se ve de buena familia, simpático, medio cohibido. Aquí había un gordito con lentes que se la pasaba al frente de una computadora. Hace años que no soy gordo, no uso lentes y no soy muy diestro para la computación. Un antihéro. Un tipo que es bien difícil que te caiga bien. Era mi oportunidad de hacer un personaje bien distinto. Aquí, en Los Angeles, todavía no me pasa eso, me ofrecen los personajes que se parecen a mí.” Después de trabajar bajo las órdenes de Costner, y de hacer en México Nicotina, le llegó la oportunidad que lo pondrá en la mente de los espectadores estadounidenses: Dirty Dancing: Havana Nights.
Bajo las órdenes de Lawrence Bender, productor de Pulp Fiction y Good Will Hunting, por mencionar algunas, y dirigida por Guy Ferland, Havana Nights cuenta la historia de una joven estadounidense, interpretada por Romola Garai, que llega a La Habana en los años cincuenta y descubre los encantos de la cultura musical caribeña, en especial del baile. Por supuesto, se enamora del mejor bailarín de la isla, Javier Suerez, es decir, Diego Luna. Los avances de la película están ya en los cines estadounidenses y es el lanzamiento más grande de Miramax-Artisan para principios del próximo año.
Filmada en Puerto Rico, Luna pasó mes y medio únicamente ensayando. “Fueron semanas en que lo único que hicimos Romola y yo fue bailar.” Diego también aprendió lo que es hacer una película de studio, en la que quienes toman las decisions están en una oficina a kilómetros de distancia. “Fue muy duro, yo venía de hacer películas pequeñas y esto era enorme. Pero trabajar con Romola fue un lujo, pagaría por volverlo a hacer.”
Luna también dio pasos para convertirse en una figura popular, fue elegido como el conductor, junto con Mario Pergollini, de los MTV Awards Latinos y apareció en una campaña de publicidad en todo Estados Unidos para GAP. Además, volteó a ver otros negocios. Invirtió en un nuevo restaurante in Ciudad de México y es socio de Naco, una fabricante de ropa, en particular de T-shirts. Diego, su major promoter, las usa todas los días.
Ese espíritu empresarial se explica, según el acto, por la necesidad de contar con dinero para poder tener control sobre los proyectos artísticos que hace. “Para qué me sirve todo esto?” se pregunta. “Para poder decider qué película hago y qué película no hago. Para poder sentarme en una mesa con un producgor mexicano o argentino o colombiano y colaborar en las decisions fundamentales. Aquí en Los Angeles he aprendido que una película es mucho más que sus semanas de filmación. Tu trabajo en una película concluye cuando sale el DVD. En muchas de nuestras películas los errores están desde la mesa. No sucedieron en el rodaje. Hay muchas películas que les faltó planeación o dinero y cosas en las que a lo mejor ahora yo puedo ayudar: el dinero para que un guionista se pase dos meses más escribiendo, para poder tener dos semanas de ensayos, para que nadie tenga que hacer un commercial en la mitad de un rodaje, para eso sirve el dinero.”
Y Diego está convencido de que no se necesitan millones. Pone de ejemplo la última película que filmó en Estados Unidos. Criminal es un remake de la exitosa película argentina Nueve Reinas. Steven Soderbergh compró los derechos del guión de Fabián Belinsky, la reescribió y la produjo con la dirección de Gregory Jacobs, su socio y asistente de dirección los últimos años.
Luna coprotagoniza Criminal al lado de John C. Reilly y Maggie Gyllenhall. “Ensayamos dos semanas y la filmamos en seis y media, como película mexicana. La diferencia es que todos estábamos concentrados y comprometidos únicamente en la película. Hasta el chofer que pasaba por mí en las mañanas había leído el guión y sabía lo que íbamos a hacer ese día. Eso es lo que tenemos que lograr.”
El primer día que vi a Diego Luna para este reportaje, acababa de terminar Criminal. Soderbergh y Jacobs le habían pedido que no viera Nueve Reinas, hasta el fin del rodaje. Ese día, lo acompañé a comprar el DVD y en su hotel la vimos juntos. Luna hace el papel que hizo en Argentina Gastón Pauls. Luna elogió y analizó cada una de las decisiones del actor argentine y agradeció no haberla visto antes. “Mis decisiones de personaje fueron diferentes y si lo hubiera visto, me hubiera pesado mucho. No sé si lo hice mejor o peor, porque él lo hace muy bien. Pero lo hice diferente, eso me deja tranquilo.”
En octubre Luna enfrentará el mayor reto de su carrera. La noticia de que trabajará con Spielberg ocupó las primeras planas en México. Terminal, con Tom Hanks y Catherine Zeta Jones, es la historia de un inmigrante centroeuropeo que cuando llega a un aeropuerto de Nueva York se entera de que su país acaba de desaparecer debido a una guerra civil. Sin tener a dónde ir, hace del terminal aéreo su casa, y de los que ahí trabajan, su familia. Diego dice que no está nervioso sino ansioso. “Desde que se cerró el trato en lo único que pienso es tener tiempo para prepararme y ya filmar.”
- Cuánto te pesa el nombre de Spielberg? Diego: “Yo estoy aprovechando todo esto para aprender. Javier Bardem era mi ídolo hace muchos años, pero cuando lo vi trabajar en Before Night Falls, me quedé con la boca abierta por semanas. Igual me pasó con Robert Duvall. Los grandes actores y los grandes directores son los que toman riesgos, los que nunca se acomodan. Yo soy un instrumento del director, una de sus herramientas. Pesa el nombre? Sí, claro. Pero en el sentido de trabajar con un grande y aprender y esperando tomar riesgos con él.”
- Te ha costado mucho llegar aquí? Diego: “No es que yo dijera: quiero ir a Hollywood. Yo creo que lo que uno piensa es: quiero hacer cosas que me gusten, en condiciones que me gusten. Uno va al cine un día y ve The Big Lebowski y dice espero algún día trabajar con los Coen. Uno ve Magnolia o Boggie Nights y dice me encantaría trabajar para Paul Thomas Anderson. Aquí hay esa oportunidad, hacer películas con gente que uno respeta. A veces pienso que en México estamos demasiado cerca de Estados Unidos y eso nos ha jodido de tantas maneras.”
- Por ejemplo? Diego: “En el que automáticamente negábamos la posibilidad de venir a Estados Unidos por miedo al fracaso. Por miedo a que no pasara nada. Cuántas veces no hemos escuchado, no sólo en México sino en otros países de habla hispana: “a mí ese cine no me gusta”, “a mí no me interesan ese tipo de películas.” Pero aquí se hacen muy buenas películas. No todas las películas son American Pie.”
Cuándo sentiste que todo esto comenzaba a suceder para ti, que podrías trabajar aquí? Diego: “Cuándo ganamos en Venecia el premio Mastroianni. Cuando vi la respuesta a Y tu mama también empecé a pensar que las cosas podrían ir mejor. Tal vez un poco antes, cuando acabamos de hacer Y tu mama también nos quedamos unos días más en la playa y Alfonso Cuarón habló conmigo. Me dio un jalón de orejas: “esta va a ser tu oportunidad, no te acomodes,” me dijo. Porque la verdad para mí todo estaba muy bien en México. Hubiera sido muy facíl acomodarse.”
- Y entonces qué hiciste? Diego: “Me llené de miedo. Me puse a trabajar como
loco en México hasta que viajé a Venecia. Era la primera vez que iba
a un festival grande. Para mí los festivals eran irse a emborrachar
en Guadalajara con mis amigos. Cuando ganamos, el resto fue casi
automático, te buscan los agentes, te llegan guiones. Me di cuenta
de que lo que me había dicho Cuarón era cierto. Aquí hay que conocer
la maquinaria y ponerse a trabajar. Hay que conocer agentes, ir a
las fiestas, ir a las reuniones. Venía al Standard o casa de mi
amigo Ángel Flores acá en Los Angeles. Te invitan a los estudios, te
sientan en una sala, platicas con los ejecutivos y sales con nada.
Tienes que entrar en esa maquinaria. Me costó dinero, paga uno su
hotel y el coche que renta, pero hay que venir a trabajar. Todo esto
fue antes que estrenaran Y tu mama también aquí. De repente a
la película le fue bien aquí de la nada, me llamó Kevin Costner y me
invitó a comer a su casa.” - Llevas cinco películas en Estados Unidos en muy poco tiempo. Por qué crees que ha sido todo tan rápido? Diego: “Yo creo que lleno un nicho y tengo que aprovecharlo. En Estados Unidos no hay muchas películas dramáticas para jóvenes, y por lo tanto no hay muchos actores que tengan ese reconocimiento. Yo me presenté aquí como un actor joven en una película seria, más allá de su contenido de comedia. Las películas de jóvenes acá no son historias de gente normal. La mayoría son películas con personajes estereotipados con historias que rozan el ridículo. Yo creo que son excelentes actores, pero como vienen de las comedias de la televisión, les ofrecen estas películas para adolescentes sin ninguna pretensión. Insisto, son excelentes actores pero están estereotipados. Son buenísimos. Muchos después, cuando están hartos de eso, se lanzan a hacer alguna película independiente o los llaman para otro tipo de papel y demuestran su calidad. De alguna manera, yo llegué del otro lado. De una película de festivales que aquí fue un éxito conmercial. Esa fue mi oportunidad.”
- Lo que hasta hoy te han ofrecido son papeles étnicos, donde siempre eres un latino. Diego: “Uno es lo que es. Yo tengo una condición, no nací en Massachusetts y mi lengua es el español. Tengo que trabajar en mi acento. Si el inglés no es tu primera lengua, o en la que te entrenaste como actor, es muy complicado. Tuve un pequeño personaje en Before Night Falls, y después de días de practicar, cuando Julian Schnabel dijo acción, me di cuenta de que no es lo mismo leerlo o pensarlo que actuar en otro idioma. Yo creo que el problema no es que uno haga el papel de un mexican, o un cubano, o un colombiano. No. El asunto está en el enfoque de las películas universal. No quise leer para Papi chulo, por ejemplo. Yo me esperé. No agarre la primera película que me dieron.”
- Lo digo porque antes había esa especie de queja de los actores latinoamericanos sobre Hollywood. Diego: “A veces en nuestros países nos encanta quejarnos. En México, en particular, no nos da demasiado gusto el éxito de todos. La primera reacción es desacreditar. La prensa se la pasa comparándome con Gael en términos de provocación. Como si no supieran que Gael y yo somos como hermanos y que lo que le pasa a él disfruta lo que me pasa a mí. Estamos acostumbrados a hablar mal de los que les va bien.”
- Algunos cineastas mexicanos no son muy generosos con esta generación de mexicanos en el extranjero. Diego: “Es increíble. Yo me acuerdo que cuando Y tu mama también fue a Venecia, los periódicos en México decían que era una película light, que no era de festival. Cinco millones de personas pagaron un boleto en México para verla y todavía no convencía a los cultos. Según yo, lo que debían haber hechos es echar porras.”
- Siendo la telenovela el género rey de Latinoamérica, muchos actores dicen que el cine latinoamericano desprecia a los actores de televisón. No crees que tienen algo de razón? Diego: “Yo creo que es parte de esta manía que tenemos de quejarnos. Yo a la telvisión le debo que nunca dejé de pagar mi renta y nunca dejé de ser actor. Le debo que ahí conocí a algunos de mis grandes amigos, a Chema Yazpik o Oswaldo Benavides. Pero también le debo la energía para salir de México a construir un futuro donde pueda hacer lo que quiero hacer, con gente que quiere calidad por sobre todo.
En la televisón mexicana hay grandes actores. Grandes actores!! Haciendo telenovelas que se producen como salchichas, donde no tienen oportunidad de mostrar su verdadero talento. Eso me motivó a buscarme otros horizontes. Muchos actores de cine o de teatro tienen que hacer telenovelas para vivir. Yo no crea que no se pueda hacer bien la televisón pero, en México por lo menos, nadie tiene demasiado interés en hacerlo bien. Ha habido intentos, pero muy pocos. También es cierto que hay actores que están muy acomodados en México. Los llaman para todas las pocas películas que se hacen, graban un par de novelas, un par de comerciales y ahí la llevan.”
- Salirse era tu única opción? Diego: “Para estar haciendo lo que quiero hacer, sí. No me refiero a Hollywood en específico. Pero sí trabajar en una industria donde todo mundo está concentrado en lo que está haciendo. Aquí también se hacen muchas películas muy malas. La diferncia es que aquí la gente está pensando en lo que está haciendo. No como en México o en nuestros países en los que mientras estás rodando una película, el actor tiene que hacer cinco comerciales, ir por la niña a la escuela, tal vez hacer dos funciones de teatro el fin de semana, negociar la próxima telenovela y ver de qué va a vivir el año que viene. Tener industria significa que aquí los escritores escriben, los directores dirigen y los actores se dedican a actuar. Es la profesionalización de lo que hacemos.”
- Imposible en México? Diego: “Imposbile bajo el esquema actual en el que los únicos que se enriquecen son los exhibidores. Mira lo que pasa en México. En los últimos años los grandes éxitos de taquilla han sido películas mexicanas, por encima de las de otros países. Sexo, Pudor y Lágrimas, Amores Perros, Y tu mama también, El Crimen del Padre Amaro, y sigue sin haber dinero para producir. No te parece extraño? El gobierno dice y dice, pero no hace nada. No hay esquemas fiscales como en Brasil, no hay incentivos para la producción y la ley sigue favoreciendo a los que no arriesgan. Hacemos muy poco cine pero nuestro promedio de bateo es muy alto. Ahí está el talento, lo que no hay es industria.”
- Hasta cuándo piensas estar en Los Angels? Diego: “Falta muchísimo, estoy empezando. Hasta que se vayan cumpliendo las metas.”
- Los Cohen, P.T. Anderson? Diego: “Y los conocí a los dos. He platicado con ellos, les gustó Y tu mama también.”
- Y después? Diego: “Lo mismo. No sé hacer otra cosa. No me gusta hacer otra cosa. Trabajo, comida, novia y fútbol. Eso sí, mucho fútbol.” |