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21 enero 2007
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PARK CITY, Estados Unidos.- La del viernes fue la noche del búfalo. La cinta dirigida por el venezolano Jorge Hernández, producida por Guillermo Arriaga y estelarizada por Diego Luna y Liz Gallardo, se adueñó del Egyptian Theatre y mostró durante 97 minutos un poderoso thriller erótico que conquistó al público y a la crítica.
Minutos antes de las 21:00 horas, los espectadores hicieron una larga fila para entrar al lugar y el movimiento comenzó cuando el elenco de El búfalo de la noche apareció por la calle principal, caminando hacia el cine.
Pero Diego no venía solo, lo acompañaban una poderosa porra mexicana, conformada por su papá Alejandro Luna y sus amigos José María Yazpik, Jesús Ochoa, Pablo Cruz (su socio en Canana) y Daniel Gómez, productor del montaje Festen. También asistieron los actores Armando Hernández e Iliana Fox, novia de Yazpik.
"Estoy muy emocionado, El búfalo de la noche es un personaje que me costó mucho y con el que quedé muy contento", expresó el charolastra a la entrada del lugar.
Borrachos de cine Guillermo Arriaga (Amores perros, Babel), quien llegó en compañía de su esposa y sus hijos, dijo que todavía no se le terminaba la resaca de los Globos de Oro, pero que estaba listo para festejar que la adaptación de su novela inaugure la sección World Dramatic Competition en Sundance.
"Son siete años de mi vida dedicados a este proyecto, que hoy se cristalizan en esta premier mundial. Vengo de los Globos de Oro y, aunque no tomo, siento una resaca, pero me hace muy feliz, me gustaría que esta borrachera cinematográfica siga durante mucho tiempo más", expresó el escritor, quien junto con Jorge Hernández adaptó su novela a guión cinematográfico.
"Estoy muy, pero muy emocionado por estar aquí. Esta película representó un camino muy largo, en el que trabajé con un ejército de gente que creyó en El búfalo... Nunca pensé llegar a Sundance, pero ahora que estamos aquí, solamente los quiero invitar a que se unan al viaje y la disfruten", añadió a modo de bienvenida.
La película inició con la imagen nocturna de un búfalo, acompañada por los acordes de la música que The Mars Volta realizó para la cinta. Más adelante, se escuchó la voz de Alejandro Fernández interpretando el tema principal, que fue compuesto por Aleks Syntek.
El búfalo de la noche, que en México será distribuida en abril por 20th Century Fox, narra la historia de Manuel (Diego Luna), quien se ve perseguido por los fantasmas y las mujeres de su recién fallecido y esquizofrénico amigo Gregorio (Gabriel González).
Hora y media más tarde un fuerte aplauso inundó el cine, tras lo que se encendieron las luces e inició una breve sesión de preguntas y respuestas. Actores, productores, realizadores y músicos subieron al estrado, mientras recibían la primera gran ovación del festival.
Los cuestionamientos, respondidos todos por Arriaga, versaban sobre el cambio que sufre Diego en pantalla (de joven a adulto) y sobre el origen de la historia que dio paso a la novela de El búfalo de la noche.
Sobre la primera pregunta, Arriaga dijo que fueron trucos de caracterización; mientras que de la historia dijo que "hace muchos años estuve muy cerca de una persona que era esquizofrénica y ese es el embrión de esta historia, al que se agregó el suicidio de un amigo".
Se revientan bajo cero Al terminar la proyección de la cinta, Diego corrió al frío del exterior para fumar un cigarro. La ocasión fue aprovechada por una fan estadunidense, quien le regaló dos gorros para el frío "uno para tí, y el otro para Gael".
Siete cuadras a cuatro grados bajo cero separaban el cine del Green Room de Heineken, en donde se celebró la presentación de la cinta en el festival indie.
Diego fue el más asediado de la noche, aunque la gente también disfrutó de platicar con "el guionista de Amores perros" (Arriaga). Incontables variedades de sushi aparecieron en la barra para alimentar a los invitados, mientras que para beber se ofrecía vino tinto, cerveza y refrescos.
Armando Hernández y Jesús Ochoa, protagonistas de la cinta Padre nuestro (también presente en Sundance) platicaron durante largo rato, mientras que Iliana Fox y Yazpik no se separaron ni un segundo y brindaron por todos los mexicanos presentes en el certamen.
Erótica y poderosa Antes que otra cosa, El búfalo de la noche es una película sensual. Es un juego de seducción y engaño constante entre sus personajes. Diego Luna ofrece la que quizás sea su mejor interpretación dramática hasta el momento, y es él quien en realidad sostiene todo el largometraje. Luna se siente cómodo con la cámara de Héctor Ortega a sus espaldas. Ambos saben cómo reaccionará el otro y eso ayuda a la coreografía que se montó para cada secuencia.
El actor aparece sumamente delgado, demacrado y no juega al niño ingenuo que pretendía en otras películas, sino que asume el rol de un joven vulnerable ante los sucesos que se presentan tras el suicidio de su amigo Gregorio, pero dispuesto a enfrentar todo lo que sea necesario con tal de conservar el amor de Tania (Liz Gallardo), la ex novia de Gregorio.
Manuel está enamorado de Tania, pero mantiene relaciones íntimas con la hermana de Gregorio (Irene Azuela) y con su amiga (Camila Sodi). Esta promiscuidad instintiva de Manuel, ajena de toda malicia, es el pretexto para mostrar los sutiles y apasionados encuentros sexuales con las chicas. Y para mostrar el cuerpo desnudo de todas ellas: Gallardo, Azuela y Sodi. Las tres chicas están a la altura de Luna en su trabajo. No se achican y por el contrario, lo seducen cada una a su manera.
La intención de Hernández con esas escenas no es la de provocar, contrario a lo que sucede cuando Manuel se quiere borrar el tatuaje de un búfalo con unas tijeras, y la sangre escapa hacia afuera de su brazo.
La ópera prima del venezolano es un thriller muy dialogado, que se construye por secuencias fragmentadas en el tiempo (como todas las obras de Arriaga) y que al final encuentran una lógica que permite leer la película de manera lineal.
Si se escarba un poco, se encontrarán resonancias de Amores perros y en general de la obra de Arriaga, como las armas, la caza, los animales silvestres, la fragmentación, algunos acordes musicales que suenan muy Santaolalla y hasta la presencia de Emilio Echevarría, quien diera vida a El chivo en Amores perros. La fotografía de Héctor Ortega es destacada, siempre respetando al director.
El problema de El búfalo es que la tensión dramática no dura los 97 minutos, y hay un par de ocasiones que su ritmo y la indecisión -o torpeza- de su personaje principal, hacen redundante la trama. Tal vez le falte un poco de personalidad o estilo a la cinta, pero eso algo que se gana con el tiempo, y que raras veces se puede ver en una ópera prima.
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